viernes, 22 de septiembre de 2017

VIAJE POR EXTREMADURA Y TALAVERA DE LA REINA





VIAJE POR EXTREMADURA Y TALAVERA DE LA REINA



1ª ETAPA - MÉRIDA





Desde Madrid Atocha, llegamos a Mérida a bordo de un tren regional que ha empleado cinco horas en recorrer ese trayecto (343 kms.) cuando de Camp de Tarragona a la capital del estado (544 kms.),  donde si hay vía AVE, el tiempo de viaje ha sido de dos horas y media.  
Tampoco importa demasiado pues eso nos permite disfrutar del paisaje con tranquilidad y que Mª Dolors, Elena, Domingo y quien suscribe podamos ir conversando sobre esta semana en la que iniciaremos un recorrido  turístico por parte de Extremadura el cual finalizaremos en la población toledana de Talavera de la Reina.
Este es un viaje previsto para hace unos años pero que se frustró por enfermedad de Elena. Como dice el refrán "nunca es tarde si la dicha es buena" y esperamos que, llegado el momento de retomar esta excursión, el dicho se cumpla.
No es esta, ni para mi ni para Elena, la primera incursión en tierras extremeñas ya que estuvimos a punto de ir a vivir a Villanueva de la Serena mediante un traslado por motivos familiares, pero esa es otra historia y ahora toca centrarse en unos días de ocio que, a toro pasado, puedo decir que han sido muy satisfactorios.

Son las 15,12 horas cuando nos apeamos del tren en la estación emeritense. Nuestro hotel es el más cercano a la misma y eso nos permitirá ahorrar tiempo en los desplazamientos que pensamos serán básicamente por ferrocarril (después veremos que no va a ser así exactamente). De la estación al Hotel La Flor de Al-andalus apenas hay cinco minutos.

  
El establecimiento, donde no reciben con extrema amabilidad, es un pequeño Hostal decorado con motivos del Islam  Las habitaciones no están sobradas de espacio pero disponemos de todo lo necesario, las camas son cómodas y la limpieza cumple los parámetros deseados. Durante dos días este será nuestro alojamiento.




Una vez libres de equipaje salimos del hostal dispuestos a recorrer Mérida y disfrutar de sus muchos encantos. La zona monumental está muy cerca y decidimos empezar la visita por el Teatro y Anfiteatro Romano. Por la Calle Cervantes accedemos a la Puerta de la Villa, una plaza donde a unos pasos se encuentra la Oficina de Turismo. Nos detenemos un momento en la misma para preguntar si se pueden comprar ahí las entradas a los distintos monumentos y agradecer la amabilidad que tuvieron de remitirme por correo información sobre la ciudad.


En la Oficina de Turismo,  una amable empleada nos indica que debemos dirigirnos al Centro de Recepción de Visitantes, situado junto al Anfiteatro, donde se venden las entradas y se atiende a los muchos turistas que pasan diariamente por el mismo.



La primera anécdota del día sucede en este lugar. Una pareja  holandesa, que nos precede en la cola para comprar las entradas, solicita  el descuento al que como jubilados comunitarios son acreedores. Ante su sorpresa y la nuestra, que estamos escuchando, la señorita que les atiende les niega ese derecho alegando que Holanda no pertenece a La Comunidad Europea. Siento vergüenza ajena mientras la señora, a la que de un plumazo han expulsado de Europa, le contesta con su mejor sonrisa - " Me está usted gastando una broma, verdad"-,  la empleada lo niega mientras Domingo y yo incidimos en que se confunde. Al final, sin sentirse demasiado acongojada, se da cuenta de su error y les da sus entradas con  el descuento correspondiente.

El itinerario esta bien marcado para que la visita pueda hacerse viéndolo todo y sin dar rodeos innecesarios. Iniciamos el recorrido por el Anfiteatro que, a quienes venimos de Tarragona o  conocemos esa ciudad, nos resulta algo familiar por la gran presencia de restos romanos que, está, al igual que Mérida posee. No en vano ambas ciudades, fueron capitales de dos de las provincias del Imperio Romano en la Península.





Vemos primero parte del Anfiteatro en el cual  los gladiadores luchaban entre ellos y también con fieras traídas principalmente de las provincias africanas del Imperio.
Este recinto, inaugurado en el año 8 a.C es de construcción elíptica y dispone de tres zonas de graderíos, alguna de ella bastante deteriorada a las que se accede por distintos vomitorios.






Las dependencias dedicadas a los gladiadores y al encierro de fieras estaban ubicadas en los extremos norte y sur.
Volveremos  después al Anfiteatro pero ahora, siguiendo el itinerario marcado, atravesamos una zona ajardinada y por una puerta,su pongo que restaurada dado su buen aspecto,   accedemos al Teatro.





Creo que no me equivoco si digo que El Teatro Romano de Mérida es, fuera de ella, la mayor referencia de esta ciudad. Contiguo al Anfiteatro fue construido entre los años 16 y 15 a.C por orden de Marco Agripa, yerno del  emperador Octavio Augusto. Podía acoger a unos 6000 espectadores que se repartían en tres graderíos ubicados según su clase social. 
El escenario será seguramente la foto más difundida de este recinto y está compuesto de planta y piso de columnas superpuestas decoradas con esculturas repartidas entre ellas. En la parte trasera estaban las dependencias para los actores y una cámara rectangular para el culto imperial.










En los jardines aledaños al Teatro encontramos el Aula Sacra. En ella están las  estatuas del Emperador Augusto, quien  preside esta sala, con su cabeza cubierta como signo de Deidad; Druso el Mayor favorito en la linea de sucesión (muerto prematuramente a los 29 años) y Tiberio, hermano del anterior que finalmente sería el nuevo emperador.






Poco podían imaginar estos personajes que 2000 años más tarde este lugar mítico continuaría albergando espectáculos parecidos a aquellos para los que fue creado. En las noches de verano emeritenses, entre estas columnas legendarias,  todos los amantes del arte escénico  que lo deseen pueden disfrutar de la música y  recrearse viendo obras del teatro clásico y moderno.
Volvemos al Anfiteatro para pisar la arena del mismo sabiendo que podremos salir indemnes de ella, sin miedo de que nos ataquen los feroces gladiadores o alguna fiera y sin depender del dedo justiciero del Prócer de turno.









Estamos en abril pero el día es caluroso como si estuviésemos en verano. Desde que bajamos del tren el sol nos ha acompañado de forma implacable por eso nos sorprende que mientras caminamos hasta el siguiente lugar que vamos a visitar, La Casa Mitrheo, aparezcan unas nubes amenazadoras que a los pocos minutos descargan la lluvia sobre nosotros. Afortunadamente esta antigua mansión romana está cubierta y mientras hacemos la visita no nos mojamos.





Las pasarelas dispuestas alrededor de esta mansión permiten una buena visión de todo el conjunto, muy bien señalizado y con paneles informativos que detallan cada estancia. En torno a sus tres patios se disdribuyen las habitaciones familiares, las dependencias comerciales o de trabajo y las termas. 




A destacar en este conjunto los restos de pinturas murales y los mosaicos entre los que sobresale el "Mosaico Cosmogónico".




Junto a la Casa Mitrheo se encuentra  los Columbarios, construcciones funerarias realizadas a cielo abierto que dispone de un Centro de Interpretación dedicado al tema de los muertos en la cultura romana. No llegamos a realizar la visita completa pues no hemos previsto que podía llover y no llevamos paraguas para protegernos de la lluvia. Mientras esperamos a que esta cese aprovecho para hecer alguna fotografía a distancia.



Al poco tiempo el sol luce de nuevo y podemos seguir caminando. Vemos y fotografiamos la estatua de La Piedad de Juan de Ávalos, escultor local de reconocido prestigio que realizó monumentales esculturas para el Régimen Franquista y es también autor del conjunto mortuorio de los Amantes de Teruel.  Parte de su obra está recogida en el Museo del Costurero el cual tenemos previsto visitar el miércoles por la mañana.



Bajamos por la Calle Oviedo con la intención de llegar a La Alcazaba. La temperatura es bochornosa y paramos en una terraza a tomar unos refrescos, mala decisión pues el sol engaña y pronto volverá a ocultarse tras las nubes. El tiempo que perdemos en tomar unas cervezas nos habría ido muy bien  para continuar viendo cosas antes de que vuelva a llover, esta vez con fuerza y durante bastante rato.


La Alcazaba es un recinto militar construido por los árabes en el año 835 siendo emir de Córdoba Abd-al Rhamán II quien mandó establecer en la ciudad una guarnición que la defendiese y salvaguardase el territorio.  Está junto al Río Guadiana y el puente que los romanos hicieron sobre el mismo.
Chispea cuando llegamos y el encargado de visar nuestras entradas (hemos adquirido la modalidad de acceso a todos los monumentos utilizable para varias fechas, más económica  que la visita por separado) nos comenta que en Mérida es corriente pasar de un sol abrasador a una tormenta de los más intempestiva en cuestión de horas. No se equivoca y en un momento el cielo ennegrece y el agua cae con fuerza.


Las murallas circundan una construcción de planta cuadricular en el interior de la cual aún se realizan tareas de excavación. Desde ellas las vistas son esplendidas y puedo fotografiar el Puente Romano que mantiene un estado de conservación aceptable a pesar del tiempo transcurrido desde su contrucción, año 25 a.C. La longitud de este puente es de 792 m. y tiene 60 arcos divididos en tres tramos. A lo largo de su historia ha sufrido diversas restauraciones siendo la última en el siglo XIX.



Cercano al Puente Romano se encuentra el más moderno Puente Lusitania que es el que soporta el tráfico rodado y junto al cual está situado el Palacio de Congresos.





Se cree que La Alcazaba de Mérida fue el primer edificio militar construido por los árabes en la Península. Alfonso IX reconquistó la ciudad en 1228 y un año después cedió la misma y la fortaleza a La Orden de Santiago quienes más tarde convertirían parte de la misma en un Convento el cual tras ser expoliado y abandonado durante siglos sería reconstruido hace unas décadas para convertirse en la sede de la Presidencia de la Junta de Extremadura.





Con más prisa de la que desearíamos, debido a las inclemencias meteorológicas hacemos un breve recorrido por  este lugar que ahora podemos contemplar pausadamente en alguna de las fotografías que tomé.









Cuando la lluvia da un respiro salimos de La Alcazaba dispuestos a continuar descubriendo los muchos atractivos que Mérida ofrece al visitante. Frente a la puerta de salida, en una rotonda junto al Guadiana, vemos el monumento, regalado por la ciudad de Roma, que reproduce la escena de la Loba amamantando a Rómulo y Remo.   



Nuestro próximo objetivo es llegar hasta la Plaza de España donde se ubica el Ayuntamiento y  la zona comercial.



Vuelve a llover con fuerza y las calles se quedan momentaneamente desiertas con las gentes buscando cobijo bajo los soportales. La plaza está en obras y las vallas de protección para las mismas hacen que pierda su encanto. El miércoles por la mañana, cuando volvemos a pasar por este lugar, busco un resquicio entre las lonas para conseguir la fotografía de la fuente que está situada en el centro.


En la Plaza de España y alrededores hay bellos edificios que en la antigüedad fueron palacios y actualmente los vemos dedicados, unos a centros de uso para la  administración pública y otros en hoteles, estos son algunos de ellos:







La arquitectura modernista también dejó su huella en esta urbe donde casi todo es románico. No en la misma medida que en Badajoz, como veremos en el reportaje de la capital de la provincia, pero si con alguna construcción interesante:

 




Si en otros lugares los monumentos religiosos tienen un gran protagonismo y son visita obligada, aquí quedan en un segundo plano. De todos modos no podemos irnos de Mérida sin saludar a su Patrona, Santa Eulalia, en la Básilica que lleva su nombre.



En la Avenida de Extremadura, delante del templo, vemos una pequeña capilla en forma de hornacina llamado el Hornito de Santa Eulalia. Se construyó para que sus seguidores pudiesen dedicarle una oración cuando la Basílica estuviese cerrada y para ello se aprovecharon  los restos de un templo dedicado al Dios  Marte.




Siendo emperador Diocleciano, en el año 304 d.C, las persecuciones a los cristianos estaban a la orden del día. Eulalia, era entonces una joven de 14 años de profundas creencias cristianas lo que hizo que sus padres temiesen por su vida. Para evitar que la detuviesen  la llevaron a una finca fuera de la ciudad pero la muchacha, que no quiso esconderse ni renunciar a sus convicciones, regreso a Mérida donde por no abdicar de su fe sufrió martirio hasta la muerte.
La Iglesia se edificó sobre  otra más antigua originaria del siglo IV en el lugar donde se cree que  la Santa sufrió martirio. Su aspecto actual data del siglo XIII y es la más antigua de las obras medievales que se conserva en la ciudad; entre sus muros se pueden apreciar muestras de arte paleocristiano, visigodo, bizantino y románico.


Por la parte trasera del templo se accede a un Centro de Interpretación del mismo y se baja a la Cripta, descubierta en las excavaciones que se llevan a cabo desde 1990. Los restos hallados pertenecen a la iglesia paleocristiana y al túmulo funerario, se cree, del martirio de Santa Eulalia, también podemos contemplar el asentamiento de las columnas que sostienen la edificación actual:










Un dato importante de esta Básilica es que según algunas investigaciones puede ser la primera iglesia cristiana, construida en la Hispania romana, tras la proclamación de Constantino I como emperador. La historia del martirio de Santa Eulalia se extendió por la cristiandad convirtiendo este lugar en centro de peregrinación y en su memoria se edificaron otros templos en diferentes ciudades y países. Consta de tres naves, la central y las capillas laterales que deben contemplarse con detenimiento admirando las bellas esculturas religiosas, el Altar Mayor y los artesonados de sus bóvedas.











Dos cosas centran nuestra atención en este recorrido; una la superficie acristalada en el suelo que permite ver bajo nuestros pies la Cripta que hemos visitado hace unos momentos y la otra el Cristo, con uno de sus brazos desenclavado, que al menos yo no había visto en ningún otro lugar.



Aunque su nombre pueda inducir a pensar en ello El Acueducto de los Milagros no es un edificio  religioso. Los romanos lo construyeron entre el siglo I a.C y el III d.C para traer el agua desde el embalse de Proserpina, contruido por ellos, hasta la ciudad.
 

Se trata de una gran obra de ingeniería que tanto prodigaron los romanos. De sillares de granito con hiladas de ladrillo y núcleo de hormigón, tenía una longitud de unos 835 metros y una altura de  25 metros. Su trazado salvaba la depresión del pequeño río Albarregas, afluente del Guadiana. que desemboca en este, próximo a la estación de ferrocarril.
Según me cuentan, fueron precisamente las obras del trazado ferroviario, más bien los responsables de las mismas, quienes en gran manera contribuyeron al deterioro de este Acueducto. Como no hay mal que por bien no venga, las cigüeñas se han apoderado de las altas torres para plantar en ellas sus nidos.




Volvemos para el centro de la ciudad pues tenemos la intención de cenar frente a otro de los más bellos monumentos romanos que se conservan en Mérida, el Templo de Diana. Cercano al mismo, de hecho el Templo formaba parte del mismo complejo, encontramos el Pórtico del Foro que data del siglo I.d.C. En un muro se conservan varias hornacinas con estatuas halladas en ese lugar aunque la mayor parte de lo encontrado en la excavaciones se conserva en el Museo Nacional de Arte Romano.






El Templo de Diana es el único de los edificios religiosos romanos que aún se conserva en Mérida. Fue construido a finales del siglo I  a.C. destinado al culto del Emperador; está rodeado de columnas de granito acanaladas y rematado con pilares de estilo corintio. Originalmente disponía de canales, estanques y una galería porticada. Parte de su estructura fue aprovechada para la construcción, junto a él, del Palacio de los Condes de Corbos en el siglo XVI.




La imagen del Templo de Diana, con la noche cayendo sobre nosotros es una bella estampa para despedir el día.


Son nuestras últimas horas en Mérida y las dedicaremos a visitar un par de museo. Lo haremos primero con el menos conocido que pese a ello, en mi opinión, vale la pena dedicarle algo de tiempo, su nombre El Costurero. 




En este edificio de tres plantas se albergan colecciones permanentes de dos pacenses ilustres: Juan de Ávalos, escultor local y Ramón Carreto, pintor y coleccionista, nacido en Badajoz.
En la planta baja podemos ver esculturas y modelos  previos de las mismas realizadas por Juan de Ávalos que constituyen un paseo por su vida y obra. La copia del mausoleo de los Amantes de Teruel sorprende por su belleza, aún habiendo visto la definitiva.


Lo mismo sucede con otras obras del artista a las que corresponden las fotografías siguientes:













En la obra donada por Ramón Carreto destacan, en la exposición, diversos artilugios y aparatos mecánicos así como la gran colección de juguetes y muñecas de todos los lugares del mundo, veamos a continuación una muestra de ello:













Con la fotografía del antiguo reloj del Ayuntamiento, que también se encuentra en este Museo, decimos adiós al Costurero recomendando a quienes vayáis de turismo a Mérida una visita al mismo  


El gran museo de Mérida es el Museo Nacional De Arte Romano. Está situado junto al Teatro y Anfiteatro, al lado del Centro de Recepción de Visitantes. Diseñado por el arquitecto Rafael Moneo Vallés se inauguró en 1986 y en su construcción se utilizó tanto en el exterior como el interior el ladrillo, tratando de evocar así las contrucciones clásicas romanas.



Ver con detalle todo lo que hay expuesto en este Museo lleva mucho tiempo del que no disponemos. La visita será más breve de lo deseado pero la  cámara fotográfica es de gran ayuda en estos casos. Con en ella se puede recoger aquello que vemos con con algo de prisa y después con tranquilidad recrearse en las fotografías


El edificio está concebido como un espacio abierto en el que las salas, a distinto nivel, se comunican unas con otras. Tiene una buena distribución tanto cronológica como temática que llevan al visitante a dar un paseo por el mundo romano siguiendo sus usos y costumbres.





Mosaicos, estatuas, herramientas y enseres dispuestos en todo el museo, procedentes en su mayoría de las excavaciones realizadas en Mérida y su entorno, nos recuerdan el día a día de la Emérita Augusta bajo el dominio del Imperio Romano.










 



Con el recorrido por el Museo Nacional De Arte Romano finaliza nuestra visita turística a Mérida. 
Recogemos el equipaje en el Hotel La Flor de Al-andalus y nos dirigimos a la estación de ferrocarril, en breve debe de salir el tren que nos llevará a Cáceres, o al menos eso pensábamos nosotros.



Ana, la Supervisora Comercial, a la que conozco desde que era una niña  ha seguido los pasos de su padre Ramón ( amigo y compañero  de trabajo y fatigas sindicales) y míos al escoger la profesión  ferroviaria. Desde hace algunos años está destinada en la capital extremeña lo que me ha permitido volver a saludarla. Mientras nos despedimos de ella, la informan de que nuestro tren no saldrá y realizaremos el viaje en autobús. Esto me retrotrae a mi etapa de Jefe de Estación en Soria o Reus donde esas incidencias eran algo frecuente aunque ahora, a mis acompañantes y a mi, nos toca sufrirlo como pasajeros.




El autocar es cómodo y el viaje rápido; hace buen día y durante el trayecto nos recreamos con los paisajes de la dehesa extremeña.



Miércoles 26 de abril de 2017

Matías Ortega Carmona